domingo, 27 de diciembre de 2009

Una celebración injusta

Ya pasó una navidad más, para muchos, el símbolo de amor, fraternidad, solidaridad y unión. Todos estuvieron felices, sentados alrededor de una gran mesa adornada de panetones, chocolates, luces en las ventanas, un arbolito muy enorme, música que hace muy intenso el esperar, aquella hora en que se recuerda el nacimiento del niño Jesús. Quizá tanta emoción para llamar por teléfono a ese ser querido que se encuentra lejos o para dar un fuerte abrazo en señal de agradecimiento, por tener cerca y vivos a los seres que amas. En las calles se escuchan los tan prohibidos pirotécnicos, esos que sin los cuales tampoco habría navidad. Los niños juegan en las avenidas pasadas las doce, con sus ropas nuevas, ensuciando sus rodillas. Luego de haber comido en esa mesa enorme un pedazo de pavo q sus mamás hornearon. Quizá, no pavo, si no pollo, pero al fin hubo una cena. En medio de tanta felicidad y alboroto nunca se te dio tiempo para pensar en algo q quizá pasó en otro momento por tú mente. Incluso yo, cuando era niño descuidaba de esas situaciones. Envuelto en un día aparentemente bello, en el que estaba prohibido sufrir y recordar todo lo malo que pesaba a lo largo del año en la espalda. Era tan bonito abrir un regalo y creer que nuestros padres estaban en la obligación de darnos uno.
Ya no recuerdo a qué edad fue, pero creo que comenzó a través de una mala experiencia: yo no quería separarme de alguien a quien quería mucho, y moría por saber donde se encontraba esa persona. Yo estaba madurando creo, pero es en ese proceso en el que uno comete más errores. Al fin uno corrige sus errores y se levanta de cualquier caída, pero es ahí donde comienza una herida, que al final cura, pero deja una huellita que no se borra y que hace de la circunstancia, inolvidable.
Era una navidad, posiblemente del 2003. Discutí con mis madre y se ahora que fue mi culpa, estaba irritado por tantos cambios y tal vez porque extrañaba a alguien. Pero como siempre cerrado y colérico yo, me encerré en mi cuarto, faltando poco para las doce de la media noche. En el proceso de mi ira, quedé profundamente dormido con lágrimas en los ojos. Me levantaron los pirotécnicos que anunciaban las doce. Yo nunca salí de mi cuarto.
Y escuchaba en una grabadora la radio Ritmo Romántica, estaba hablando el Padre Pablo. Y al no poder dormir escuché su mensaje. Hablaba de lo linda que era la navidad, pero que debemos de darnos un tiempo de pensar en aquellas personas q no llevan una blanca navidad, si no que las traen grises. Las personas que están en las cárceles, que duermen en las calles, que tienen que trabajar en ese día porque necesitan un ingreso más para poder vivir decentemente.
Las lágrimas se me cayeron, amargamente de los ojos, yo renegando por algo que hoy veo tonto. Y cuanta gente en ese entonces y hasta ahora ven sus navidades, tras barrotes y entre 8 metros cuadrados, esperando un perdón por errores cometidos anteriormente, y cuantas personas que cometen errores peores (personajes de supuesta autoridad), están comiendo pavo y hasta carnes tan deliciosas que no nos podamos imaginar. Cuantos están sentados en una mesa con fina porcelana y luces navideñas. Mientras que otros están bajo un techo de cartón y alrededor de un vela, comiendo de un solo plato. Has pensado alguna vez, en aquellas personas y sobre todo niños que subieron en un momento a venderte caramelos en los carros. ¿Cómo pasarán ellos sus navidades?
Pensaste mientras comías tu panetón, en aquellas personas que no tienen ni siquiera un hogar donde dormir. Que sus almohadas son ladrillos, sus más finas sábanas pedazos de cartón y se acuestan bajo un techo gris de humo de carros y una que otra estrella.
Dime tú si la navidad es blanca. Cómo están esas personas que perdieron a sus seres queridos días antes.
La navidad es una celebración muy injusta, me pone muy melancólico escuchar villancicos, sabiendo que hay niños que no tienen tiempo de cantar uno porque tienen que trabajar. Todo esto muy al margen de algún recuerdo que atormente mi mente.
Sabemos también que el día de navidad es un día escogido para celebrar el nacimiento del maestro Jesús. Que en realidad no nació un 25 de diciembre.
Así que antes de armar un nacimiento, poner un arbolito o colocar tus luces en la ventana, piensa primero en los niños que en verdad mueren de hambre una noche como esta. Sé que si crees en tu Dios, el comprendería.
Yo en lo particular no creo en Dios, pero si existiese sé que le agradaría lo que he escrito hoy.
Trata de pensar en aquellas personas, que realmente se merecen una feliz navidad. Yo también lo seguiré haciendo. Y si no se puede ayudar con grandezas a esas personas, en los detalles estará la satisfacción de tu corazón.
Aunque tristeza da saber que el mundo es tan grande, y son pocos los que piensan como yo.
La filantropía es un nuevo punto de subversión.
Ahora se acerca el año nuevo, un nuevo comienzo como para enmendar todos antiguos errores…


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