Los jóvenes somos personas muy complejas, de pensamientos y sentimientos confusos, los cuales son difíciles de entender. Pero a todo esto hay que saber enrumbar nuestras vidas.
Hay un momento en la adolescencia en que nos creemos los rebeldes e incomprendidos. Y de estos momentos resultan tres personas: Una es la más sencilla, sensata porque entiende que todo esto es tonto y sigue con su vida normal. Y recapacita. La segunda persona es la que se frustra toda su vida, diciendo que es una incomprendida, o una rebelde, se queja de lo injusto que es todo y no tienen al final ni una sola razón para serlo. Y la tercera persona es la que le encuentra a su incomprensión o a su rebeldía, un sentido y no se ahoga en un vaso con agua, si no que vive por un sentido, tal vez tonto y no es cómo la primera persona, más sabia en ser sencilla, pero al menos va a vivir su vida de forma intensa, sin vivir lamentándose. Con esa emoción, adrenalina y satisfacción que quizá ni uno de las otras dos personas, experimentará ni en un segundo de su absurda vida.
Elijamos que persona queremos ser, pero si quieren un concejo, la segunda persona no tiene vida…
sábado, 20 de febrero de 2010
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